
Todo empezó en el año 2021 cuando mi marido y yo decidimos formar una familia. Pasados 6 meses sin obtener un resultado, decidimos acudir a un ginecólogo. El primer ginecólogo, me trató por un año, pasado ese tiempo, él nos aconsejó de dejar de lado la idea de concepción por que según su experiencia y dada las circunstancias cronológicas, confirmó que era imposible y que era mejor centrarnos en la adopción.
Vista la situación, decidimos hacerle caso y dejar el tratamiento a pesar de nuestro dolor, aunque en el fondo de nuestros corazones, vivíamos con esa cruda realidad, pero nunca perdimos la fe ni la esperanza, sabíamos que Dios haría realidad ese sueño como en otros ha obrado, ya que nos dice “Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá” (Mateo 7:7 y Lucas 11:9).
Pasado un tiempo en el año 2023, mi amiga me aconsejó y me animó a acudir a su ginecólogo para tener una segunda opinión, algo que hice, aunque con un poco de desánimo. El segundo y mi actual ginecólogo, me mandó hacer varias pruebas para saber qué es lo que me pasaba realmente y los resultados de esas pruebas fueron todo negativo y aún más detonantes: ambas trompas cerradas, reserva ovarica muy muy baja, y la hormona anti mulleriana a 0,6 lo que significaba que era difícil quedarme embarazada aun con las trompas sanas, y que la única solución era la inseminación in vitro o una donación de óvulos, eso último acabó con nuestras esperanzas ¿cómo voy a tener un hijo que genéticamente no es mi hijo?, me decía en mi interior. Mi marido y yo tuvimos que rumiar esa idea durante meses, y se puso en contacto con su tio que es un sacerdote para pedir consejo, como cristianos que somos sabemos que la iglesia se opone a la mayoria de las técnicas de reproducción asistida porque separan la concepción del acto conyugal tratando a la vida como un producto, ya que busca proteger la vida desde la Concepción y la Unidad del matrimonio, fomentando la esperanza y la ayuda a la infertilidad a través de medios que respeten estos principios, contrariamente a la FIV (fecundación in vitro) y mientras, muy a pesar nuestro, nos pusimos en contacto con cuatro clínicas de fertilidad en Valencia, para ver si había otra posibilidad, los resultados fueron los mismos que los de Luxemburgo, y aun habiendo el in vitro con ovulos donados, tampoco había una seguridad firme de que el embarazo llegara a término.
Vista la situación, mi marido y yo reformamos las oraciones, yo hablaba con Dios día y noche, le exponía nuestra situación, hacía novenas, ayuno, rezábamos al santo rosario, purificaba mi cuerpo; nuestro día día, estaba compuesto de oraciones, de peticiones de novenas a la virgen de Bisila pidiendo que intercediera por nosotros a pesar de los resultados ginecológicos, sabíamos que ella nos concedería ese milagro.
Finalmente, cuando mi marido y yo decidimos seleccionar una clínica de fertilidad e iniciar el tratamiento, todo aparecía con desajustes: el laboratorio estaba indispuesto por mantenimiento y siento que eran citas bien programadas, lo que no sabíamos era que yo ya estaba en estado, estuve 13 semanas embarazada sin saberlo, sin notar ningún síntoma y la sorpresa fue mayor cuando mi médico de cabecera, por medio de unas pruebas de menopausia precoz, descubrió que estaba embarazada; una semana después mi ginecólogo, muy sorprendido, no sólo me lo confirma, sino me dice que estoy de 13 semanas y que es un varón y que está en buen estado a pesar de no haber seguido control alguno. La primera persona que me habla de un milagro fue él, y en ese instante caí en la cuenta de que la virgen había intercedido por nosotros y que ese era realmente el milagro que tanto anhelábamos. 6 meses más tarde, el 17/04 de 2025, nació nuestro bebé, y efectivamente fue un jueves Santo y decidimos llamarlo Ángel Atom, Atom que significa en la lengua fang regalo de Dios.
María Nfumu Engonga Mangue



