
La visita del Papa León XIV a Guinea Ecuatorial ha sido un acontecimiento apoteósico, en el que nadie pudo quedarse indiferente. En cada acto estaba presente toda la población, incluso los miembros de las múltiples sectas que operan con su proselitismo atosigante en la sociedad ecuatoguineana; los musulmanes y miembros de otras religiones. Guinea ecuatorial se convirtió en el centro del mundo durante tres días (21, 22, 23 de abril).
La presencia del Papa fue como un farro que iluminaba a todo el país; se experimentó una unidad increíble; una alegría indescriptible, donde bailaban hasta los presos en la cárcel de Bata ante la presencia del Papa, que accedió a visitarles. Un país sumergido en la penuria, la visita del Papa ha sido considerada una acontecimiento glorioso; desató la alegría y la esperanza en las vidas de los guineoecuatorianos. Teniendo en cuenta que el Papa llega a las naciones como Jesucristo vino al mundo: en un mundo pecaminoso, lleno de envidias intestinas, de odios feroces y de todo tipo de traiciones. Pero, es aquí a donde vino Jesucristo viniendo del cielo. Este mismo Jesús dice que vino al mundo para los pecadores; para los que están enfermos y no para los buenos ni para los sanos. Pero este Jesús no quiere dejar al pecador en su pecaminosidad; al enfermo en su enfermedad, ni al malvado en su maldad. El mensaje del evangelio es transversal, listo para cambiar a las personas en su integridad.
El Papa ha llevado este encargo a cuestas a Guinea Ecuatorial. Pues Guinea Ecuatorial le esperaba con ansia, con la esperanza puesta en su presencia, y, sobre todo, en sus palabras, que pregonan la justicia y la corresponsabilidad nacional, para el progreso de las personas y protección de la vida humana. Pues, se han cumplido las expectativas. Cada palabra que el Papa pronunciaba en sus homilías y en sus discursos, era demoledora; rompiendo los moldes del anquilosamiento de la vida de esta sociedad, que cada vez más amplia la brecha entre los beneficiarios y los desfavorecidos.
El Papa ha devuelto la esperanza al pueblo de Guinea Ecuatorial, con su invitación a la ampliación de los espacios de libertad y de solidaridad nacional en vista a la lucha por el bien común. Invitó a una madurez en las decisiones que tomen los gobernantes ecuatoguineanos, puesto que éstas deciden los destinos de la nación. En este sentido, resaltó la necesidad de una formación sólida universitaria, porque la corresponsabilidad consciente convierte a cada ciudadano en artífice de la justicia social; protector de la vida y no destructor de la misma. En general, todos los cristianos son salvadores de sus hermanos. Por esta corresponsabilidad Dios preguntará a cada uno, como preguntó a Caín: ¿Dónde está tu hermano? Una pregunta incomoda cuando la conciencia acusa…
El pueblo de Guinea ecuatorial esperaba expectante las palabras que escuchó de boca del Papa, como Vicario de Cristo en la tierra, con su autoridad moral; palabras de anuncio y denuncia, que incidieron en los corazones de los guineoecuatorianos, para demoler los muros que dividen el país en privilegiados y desfavorecidos. La presencia del Papa ha impactado en dos dimensiones esenciales: en la unidad nacional y en la confirmación de la fe desde su ministerio pretino.
Desde la unidad nacional se ha sentido la sensación de una corriente general en una esperanza que trasciende los anhelos temporales e incluso los afanes excluyentes de las identidades culturales. No tuvo lugar la viciosa distinción entre Fang y Bubis; entre la isla y el continente ni distinción entre las provincias: todos iban a una. Nunca los fangs, bubis, ndowés, habían cantado juntos con los instrumentos musicales típicos de cada grupo étnico, en una sinfonía armónica, dirigiendo canticos y alabanzas al Señor del Cielo y tierra. Se escucha sonar los xilófonos Fang, el tamtam ndowé y la campana bubi (ewecha) a unísono, junto con el tambor de todos. Les unía a todos la misma conciencia de cantar al Dios altísimo, en su hijo Jesucristo, representado por su Vicario, el Papa.
Se ha unido una sociedad con heridas abiertas, con una esperanza que trasciende los anhelos temporales cotidianos, basados en la posesión de los bienes materiales. Una sociedad en la que las bandas juveniles y la delincuencia callejera han sembrado miedo a los ciudadanos sea de día, sea de noche; en la calle, o en propia casa. El Papa ha predicado el amor y la lucha por el bien común, como tarea de todos los ciudadanos, especialmente de los gobernantes. Todos los guineanos hemos quedado con la sensación de plena satisfacción espiritual.
Por otra parte, el Papa ha venido a confirmarnos en la fe, ante una sociedad minada de sextas, muchas de las cuales han hecho de la fe un artículo de negocio para el enriquecimiento de sus pastores, y de la biblia un instrumento de manipulación de la voluntades. Se ha vuelto a vibrar el ardor de la fe, haciendo memoria viva de los primeros misioneros que portaron la evangelización a nuestras tierras. Todo lo cual ha animado y reforzado la misión de la iglesia que peregrina en la Republica de Guinea Ecuatorial. Se ha sentido una corriente de gracia en una esperanza trascendental a nivel general, que tiende a un fin, que sólo depende del poder de Dios, que es la única esperanza del cristiano.
Rvdo. Dr. Longinos Eseng Nguema Bilogo, Pbro.



